Fecha: 08/03/2010
Fuente: Periódico El1
Un bebé que toma la leche del pecho de su mamá recibe todos los nutrientes que necesita y está prevenido contra algunas enfermedades. Incluso, el acto de amamantar estimula el vínculo entre madre e hijo. Mitos y verdades de una costumbre que se está perdiendo.
El simple acto de que una mamá le dé la teta a su hijo envuelve consigo una gran cantidad de bondades por muchos desconocidas. Más allá de ser un gesto de amor irremplazable, la lactancia materna es el único modo de alimentación que brinda todos los nutrientes que un recién nacido necesita.
La leche materna tiene todas las vitaminas, grasas y proteínas que requiere un bebé en cantidad exacta y actúa como vacuna contra infecciones y enfermedades. De modo que no solo favorece el crecimiento y evita problemas de maduración, sino que, además, produce mayores niveles de anticuerpos y genera una protección que no se alcanza con otros alimentos.
Está comprobado que un bebé amamantado a pecho padece menor cantidad de vómitos y diarreas y, a largo plazo, tiene menos posibilidades de desarrollar obesidad. Los niños que reciben la leche materna producen mayores niveles de anticuerpos como respuesta a las inmunizaciones infantiles, lo que ayuda a protegerlo del síndrome de muerte súbita.
Los médicos aconsejan la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida. Pero también se recomienda seguir amamantando al bebé hasta un mínimo de dos años, al mismo tiempo que se le van ofreciendo otros alimentos.
“Con una correcta la lactancia materna se disminuiría mucho la mortalidad infantil y la cantidad de niños enfermos”, sostuvo la enfermera Adriana Arancibia, asesora del Grupo de lactancia Materna de Ramos Mejía. Para ella, “el amamantamiento es la única forma de brindar igualdad de oportunidades a todos los recién nacidos”, al mismo tiempo que aseguró que “los complementos alimentarios (como la leche artificial) son innecesarios y medicamentosos”.
Pero, el hecho de amamantar no solo beneficia la alimentación de los menores, sino que, también, estimula el vínculo entre madre e hijo. “El bebé y la mamá deben crear una unidad emocional. Cuanto más apego y contacto hay entre ambos, los niños son más fuertes emocionalmente”, sostuvo Arancibia.
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